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Resonancias por Cristina y Adrian

Si hablamos de resonancias la primera imagen que se aparece es la de la piedra que arrojada a un estanque va generando círculos concéntricos que se expanden lentamente y comienzan a desaparecer muy lejos de la piedra que los provocó.

Al igual que la piedra, la condición esencial en el liderazgo es la misma: la capacidad de producir ondas expansivas que lleguen a donde quizás no fuimos capaces de imaginar. Por ello es tan importante ser conscientes, entre otras cosas, de nuestra capacidad de resonancia, de nuestra capacidad de impacto y que, la mayor parte de las veces ni nos enteramos. Y si no, pensemos en cuantas veces alguien nos dijo…”aquello que hiciste o nombraste en oportunidad de… me abrió los ojos, “me hizo dar cuenta de”…“me cambió la visión de”. En fin nuestras palabras o algún hecho resonaron de tal manera que a la distancia produjeron un efecto sorprendente.

Y para muestra de lo que estamos hablando va un claro ejemplo: durante un encuentro sobre liderazgo hacíamos referencia a la capacidad de enseñanza que tienen las montañas cuando decidimos abordarlas y comenzar a caminar: “el asenso a una montaña deja lecciones que ningún humano podría enseñar”. Y tan así es y tal es la capacidad de resonancia que, no mas terminar la jornada, alguien se acercó y nos dijo:

“Practico el montañismo desde hace muchos años, es para mi…una escuela de vida. Curiosamente en una oportunidad en la que estaba en la Cordillera Boliviana, en una de sus cumbres encontré un testimonio, un escrito que lo quiero compartir con todos... para mí es y sigue siendo mi guía”

Y nos lo acercó. Las resonancias fueron mágicas, ni nosotros, ni el autor de tan bello escrito pudimos dimensionarla, para Adrián, que es de quien trata, esas palabras fueron rectoras y hoy encuentra el espacio para compartirlas, para “ampliar su onda en el estanque”.

Que las disfruten:

La gente que me gusta
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer.
Me gusta la gente con capacidad de medir las consecuencias de sus actuaciones.
La gente que no deja soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierde de vista
que somos humanos y que nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que sabe que el trabajo en equipo; entre amigos, produce más que esfuerzos individuales.
Me gusta la gente sincera, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables
a las decisiones de sus superiores.
Me gusta la gente de criterio. La que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Y la que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,
a esos les llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que tiene una fe inquebrantable en sí misma
y que no desfallece cuando se trata de alcanzar objetivos e ideales.
Me gusta la gente capaz de sonreír y ser amable,
gente que disfruta su vida todos los días.
Con gente así es posible alcanzar el éxito.
Con gente como esta ¡me comprometo a lo que sea!,
así no reciba ninguna contribución económica.
Ya con haber tenido esa gente a mi lado, me doy por retribuido.


Julián Pérez de Peldar


 

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