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Miembros de un Equipo de Trabajo: “Marco traje y adorno”

En los procesos de construcción de un equipo de trabajo, el camino a recorrer supone instancias que son inevitables, no las podemos evitar aún cuando nos lo propongamos.

Eso es natural por qué, conformar un equipo supone dar mucho de sí, aceptar de los otros y por sobre todas las cosas abandonar el lugar de “ser mirado” por ser el mejor, el más diestro, el más inteligente, el de mayores conocimientos.

Ceder, correrse con el convencimiento de que puedo aportar sin pensar en la “mirada del otro”, es una instancia que llega después de atravesar uno de los mojones del camino que es la lucha por el “poder” para ser tenido en cuenta.

Esta situación me remite a lo que un grande de la filosofía, que de esto sabía y mucho- JOSE ORTEGA Y GASSET- decía en un texto sobre “Marco Traje y Adorno” que transcribiré en forma abreviada.

Decía Ortega y Gasset: “Viven los cuadros alojados en los marcos. Esta asociación de marco y cuadro no es accidental. El uno necesita del otro. Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre desnudo. Su contenido parece derramarse por los cuatro lados del lienzo y deshacerse. Viceversa, el marco postula constantemente un cuadro para su interior, hasta el punto que cuando falta tiende a convertir en cuadro lo que se ve a su través.

La relación es esencial tiene el carácter de una exigencia fisiológica, como el sistema nervioso necesita del sanguíneo o como una cabeza se asienta sobre el cuello y tronco.

La convivencia entre marco y cuadro no es, sin embargo, pareja a la que primero se me ocurre comparar: la del traje y el cuerpo. No es el marco el traje del cuadro, por que el traje tapa el cuerpo y el marco por el contrario ostenta el cuadro.

Es cierto que, a menudo el traje no tapa el cuerpo y se reduce tanto que parece una pequeña locura que el vestido comete, pero cuando esto sucede, el traje deja de serlo y se convierte en adorno. Así el cinturón del salvaje desnudo tiene carácter ornamental y no indumentario.

Pero tampoco el marco es un adorno. La primera acción artística que ejecuto el hombre fue adornar su propio cuerpo. Y esa primera obra de arte consistió en la unión de dos cosas que la naturaleza no había unido. Sobre su cabeza el hombre puso una pluma de ave y sobre su pecho dientes de una animal.

¿Qué misterioso instinto indujo al indio a poner sobre su cabeza una pluma de ave? Sin duda el instinto de llamar la atención, de marcar su diferencia y superioridad sobre los demás. La biología nos va demostrando que es más profundo que el instinto de conservación, el de superación y predominio. Al poner sobre su cabeza la pluma, creó el indio la expresión de esa íntima idea que de si mismo tenía.

La pluma era tan solo para que los demás lo mirasen?... No. La pluma vistosa era más bien un pararrayos con que atraer la mirada de otros y verterlas sobre su persona. La pluma fue un acento y el acento no se acentúa a sí mismo, sino a la letra bajo él. La pluma destaca la cabeza y el cuerpo del indio.

Todo adorno conserva ese sentido, atrae sobre si la mirada, pero es con el ánimo de hincarla sobre lo adornado. Ahora bien, el marco no atrae sobre sí la mirada. La prueba es sencilla. Repase cada cual sus recuerdos de la cuadros que mejor conoce y advertirá que de ninguno de ellos recuerda el marco donde viven alojados”.

La lucha por ser mirado en un grupo de referencia que pretende avanzar, a veces es marco, la mayoría de las veces es adorno.

 

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