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Más allá de la Rutina

Juan Pablo Anselma Figueroa

Si A se relaciona a B, y B se relaciona a C, ¿A se relaciona a C?

Día a día establecemos relaciones que concebimos como necesarias, esenciales, obligatorias y hasta podríamos definirlas como inevitables, ya que partimos de la creencia de que estos vínculos cotidianos son preexistentes, independientes de nosotros mismos y caracterizados por una lógica que determina nuestro hacer, de acuerdo a nuestro rol social, nuestro conocimiento, nuestra capacidad productiva, nuestra situación económica, entre otras cosas.

Limitamos nuestra experiencia en el mundo a nuestra relación con B, a lo inmediato, a nuestro círculo más íntimo, cotidiano… quedamos “sujetados” de manera univoca a este enlace y desde allí anulamos toda posibilidad de interacción.

Si recordamos un día cotidiano y lo analizamos, observaremos cómo estas relaciones prefijadas limitan nuestras acciones en el trabajo, en el estudio, con los amigos y hasta con nuestra familia. La rutina es una construcción reiterada de nuestros vínculos más inmediatos, necesarios podemos decir que sí, pero no son los únicos.

Es imprescindible un cambio de mirada cuyo punto crucial tienda a modificar nuestro modo de relación más inmediato y que se traduzca a la acción de manera dinámica, permitiendo observar el impacto de nuestras relaciones con B y además percibir y desarrollar el vínculo que mantenemos con C, hasta el momento inobservado por quedarnos en los límites de lo cotidiano.

El uno y el otro, lo propio y lo ajeno, el adentro y el afuera, son demarcaciones que niegan o dificultan nuestras relaciones, nos limitan.

Traspasar estos límites, es superar la rutina, es entender que cada persona no “es” sino que se “produce” y “reproduce” por los intercambios que desarrolla mediante sus vínculos dentro del ambiente en que vive. De la amplitud de nuestra red de vínculos, dependen las posibilidades de progreso y crecimiento personal.

Con un ejemplo, tal vez podremos entender mejor: la membrana celular es permeable, el adentro y el afuera se definen y se sostienen a través de una dinámica de intercambio, y sólo puede mantenerse viva mediante múltiples ligaduras con el medio, del que se nutre y a través del cual se desarrolla; el mayor o menor desarrollo estará determinado entonces, por la cantidad y calidad de ligaduras (vínculos).

Lo mismo sucede con cada uno de nosotros, sólo podremos desarrollarnos plenamente, si enriquecemos nuestra red de relaciones, nuestros vínculos.

Si nos empezamos a preguntar ¿hasta dónde tenemos registro de nuestras acciones, cómo éstas están influyendo en nosotros mimos y cómo y cuánto impactan en el otro?, estaremos iniciando un nuevo modo de vincularnos, menos limitado, más enriquecedor.

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