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Gerenciar gestionando la confianza

Eugenio Gimeno Balaguer

La inesperada caída de la denominada nueva economía ha generado el desencanto de los equipos humanos. En menos de dos años, las personas están viendo cómo numerosos emprendedores pasan del enriquecimiento súbito al empobrecimiento total.

Esta transición ha marcado el comienzo de una nueva etapa en las relaciones laborales, caracterizada por la ruptura del alineamiento entre objetivos personales y empresariales. Hoy, muchos trabajadores no coinciden con las reglas establecidas por sus jefes. En el mercado laboral desconfían de los proyectos que los empleadores ofrecen. Han visto a sus padres “prejubilados” en retiros anticipados, en plena juventud y a sus amigos más arriesgados casi arruinados. Ante esta situación, ¿qué pueden hacer los gerentes y directivos?.

La pérdida de la ilusión en el futuro, en las promesas, se compensaría si se recurriera a la generación de confianza empresa-empleado.

Integridad y valor

Un líder logra captar la confianza de sus colaboradores mediante la combinación de la integridad y el valor (compromiso). Postura de coherencia de vivir lo que se predica. Si los empleados desconfían de sus superiores y, en definitiva, de la empresa, se producen consecuencias muy difíciles de resolver.

Generar confianza supone infundir fe en que algo positivo ocurra. La empresa se debe esforzar en que la visión de los líderes se manifieste en las acciones de la compañía. Hoy, las personas necesitan seguridad en el futuro, materialización de los valores, pero, ¿cómo aumentar estas sensaciones?.

Confiar significa esperar. Para conseguirlo, las personas se tienen que convencer de que sus expectativas no quedarán defraudadas.

El caso de los seguidores de pequeños clubes de fútbol que aspiran a juagar en “primera” sirve de ejemplo. Sus incondicionales hinchas demuestran, semana tras semana, su creencia en que los jugadores alcancen la primera división. De esta forma, se genera una confianza basada en la esperanza integrada por las ceremonias grupales, el anhelo compartido, la ilusión y, sobre todo, el ambiente colectivamente enfervorizado.

La misión del jefe

Para lograr el éxito, un directivo convencido de la necesidad de generar confianza debería realizar las siguientes actividades:

Generar las expectativas de su equipo. Dejar bien claro lo que se espera de cada persona mediante el establecimiento de objetivos de crecimiento mutuo y responsable. Este procedimiento consiste en que ambos actores expongan y escuchen sus deseos en una visión compartida.

Delegar tareas y responsabilidades. Así, el líder garantiza la seguridad en el empleado a quien le asigna este cometido. Sólo se delega en quien se confía.

Generar reciprocidad en las relaciones. Se cumple más que nunca el paradigma: yo gano-tú ganas.

Cumplir lo acordado. El directivo tiene que garantizar al empleado todos los compromisos adquiridos, desde la definición de sus expectativas hasta el establecimiento de los límites de la delegación.

Transmitir confianza. Para conseguir que el personal tenga seguridad en los ejecutivos de la empresa, estos se tienen que exigir a sí mismos integridad, previsibilidad, coherencia y persistencia en su conducta.

El desarrollo de estas actividades aporta elementos para mejorar las relaciones empleados-empresa, creando lazos de beneficio mutuo. Y el beneficio es sólo alcanzable desde la confianza.

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