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¿ES O NO UN PROBLEMA?

A menudo solemos encontrarnos con personas que con mucha frecuencia aluden a lo dificultoso de su vida laboral y de sus relaciones en ella. “Siempre tienen un problema”. Si no es su tarea, es su jefe, su remuneración, sus compañeros, la complejidad que deben afrontar, pese a poseer competencias profesionales excelentes (esto es saben que están capacitados para desenvolverse en aquello de lo que, oh casualidad, se quejan).

Pareciera que las “complicaciones” acabaran por convertirse en “su posesión”. Los problemas forman parte de su existencia, no solo de su vida laboral.

Sucede que, en numerosas oportunidades, las dificultades pueden reconocer su origen externo, al margen de lo que uno pueda hacer o dejar de hacer, pero muchas veces nos descubrimos “encaminados” de manera inconsciente por supuesto, hacia lo contrario de lo que sabemos deberíamos elegir para ser más felices.

Lo cierto es que, valoraciones subjetivas mediante, aquello que se cree será un problema acabará siéndolo, por que la capacidad para elaborar complicaciones es infinita.

En primer lugar antes que nada, deberíamos reconocer cual es el verdadero problema.
La primera pregunta sería ¿y si se pudiera resolver con identificar su grado de realidad? O mejor y más directo… ¿es un problema? Otra pregunta más importante: ¿no serán soluciones no deseadas?

Existen diferentes tamaños de problemas. En la mayoría de los casos las diferencias provienen de las personas que lo padecen en función del vínculo emocional que establezcan con la situación. No es en si el tamaño del inconveniente sino su calificación por parte de quien lo “sufre”.

“A veces la gente ha tratado de cambiar a los demás para resolver sus problemas -decía Byron Katie- pero esto no ha funcionado” remataba.

Pensar que el problema lo tienen los demás es en si mismo un conflicto.
Aunque otras personas puedan crear una situación problemática o participar de ella, en realidad quien la percibe como un inconveniente es quien tiene la llave para resolverlo.

Se dice repetidamente que los conflictos consisten en las “historias” que nos contamos acerca de cómo suceden las cosas y que cuando las personas pueden cuestionar esas historias o sus referencias se pueden llegar a percepciones diferentes.

¿Y si la naturaleza de los problemas dependiese de lo que nos repetimos una y otra vez?
¿Y si el efecto repetitivo convirtiese en verdad lo que es solo una interpretación?
Para pensarlo.

 

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