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El Juego, la Experiencia y el Aprendizaje.

Lic. Maria Cristina Bruna

“Aprendimos a hablar y hubo una época en que pensábamos que “aso de aua” era “vaso de agua”. Llevó tiempo comprender que no era igual aunque significaran lo mismo. Es por eso que como adultos, lleva un tiempo comprender que hay un lenguaje que antes comprendimos y ahora no comprendemos”

Algo de esto sucede cuando intentamos significar el aprendizaje a través de actividades que están más cerca de lo lúdico, lo espontáneo y la experiencia.
El lenguaje que manejábamos a la perfección, con el transcurso del tiempo hemos ido olvidándolo y lo que es peor, olvidando que lo sabíamos y lo practicábamos.

No solamente no sabemos que lo sabemos sino que también hemos olvidado aquella gimnasia que nos permitía colegir de una metáfora o analogía el verdadero sentido del mensaje, la posibilidad de extraer nuestras propias conclusiones ,construir nuestro conocimiento, otorgar significado y emprender acciones por propia iniciativa.

Todo ello es lo que se pretende recuperar en los aprendizajes experienciales y que apuntan sustancialmente a lograr nuestros objetivos personales y/o laborales.
Aprendemos a pararnos, sostenernos sobre nuestros propios pies y caminar, sin embargo no nos acordamos como lo hicimos. Las personas poseemos en nuestra propia historia natural, los recursos para superarnos. Si nos colocamos en determinadas situaciones habremos de descubrir muchas más cosas de las que sabemos.

Por ello, desalentamos a ”hablar sobre” un acontecimiento cualquiera, preferimos intentar hacer, mostrar y experimentar en el terreno de lo práctico lo que luego discutiremos como teoría. En lugar de describir, primero intentamos hacerlo y descubrir. Lo que en realidad nos trae problemas no es lo que no sabemos, sino las cosas que no sabemos que las sabemos.

Los juegos, por analogía nos remiten a la actitud básica inicial con que deberíamos de iniciar todos los nuevos procesos: de investigación, de aprendizaje, des-prejuiciados, expectantes, dispuestos a recibir, aprender, a interactuar.

Las actividades experienciales, lo lúdico, desarrollan una historia profunda bajo un ropaje simbólico muy simple. Los ejercicios llevan a actuar con el cuerpo la historia relacional personal y grupal frente a situaciones diarias y las analogías con la cotidianeidad son tan fuertes, que de alguna manera la “vivencia del aprendizaje”, no el concepto, es lo que se adquiere de manera permanente.

No debemos dejar de considerar que todos los procesos de interacción y aprendizaje que conllevan procesos de crecimiento personal y /o grupal están limitados por la paradoja de “quiero cambiar, pero no quiero arriesgar nada nuevo”, o “quiero arriesgar pero temo cambiar”. Seguramente, si tenemos conciencia de ello, la resolución correrá por nuestra cuenta , sabiendo que si podemos cruzar la cerca de la seguridad, y podemos internarnos en terrenos desconocidos -pero confiados no solo en nosotros mismos sino en quienes forman parte del grupo- habremos resuelto la paradoja y habremos crecido en nuestro conocimiento e interacción.

“Un día el vaquero estaba caminando y llegó hasta una montaña tan alta que necesitó dos miradas para ver la cumbre. Miró hacia arriba tan lejos como pudo, luego echó una segunda mirada, comenzando a partir de donde había llegado con la primera”. (Milton Erikson).

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